27.1.17

Celulosa que me hiciste maula


1a. quincena, febrero 2017


Al cerrarse 2016 se cumple una década de la definitiva instalación (en 2006) del conflicto de globalización (y no internacional, ni menos binacional, como se dijera por entonces y hasta hoy), que planteó desde el punto de vista teórico la recopilación Celulosa que me hiciste guapo. El artículo que brinda su nombre al libro, preveía en el propio resumen que lo encabezaba1 la reversibilidad entre la figura tanguera del guapo y la de su contrario, el maula:

La cámara oculta traiciona la actividad de filántropos sin fronteras y quien supo llorar ante cámaras la traición de una cámara denuncia la Mega-Traición. El tango multinacional ha hecho carne en el Sistema Político de la Nada. La orilla del bajo se ha convertido en un porcentaje de acierto/error: el guapo que se quedó con la mina a punta de facón estuvo a punto de audiencia de compartirla con un maula cualquiera”.

La reversibilidad entre el guapo y el maula ("maula" en lengua rioplatense: "cobarde") está presidida por una reversibilidad supérstite: la que cunde cuando la universalización mediática borra toda diferenciación posible entre sentido y referencia. La identificación entre el ser y la nada había sido planteada por el existencialismo en razón de la condición afirmativa de la propia nada: “no es nada” es la expresión que acepta la disculpa de alguien, a quien se le dice: “no es algo lo que pasó”. Los términos de la expresión son, por lo tanto: “no-es (algo-nada)”. La equivalencia entre el ser y la nada, que ya planteara Hegel en La Ciencia de la Lógica,2 se supedita en el criterio existencialista a la vacuidad lógica del sentido: la nada es, para quien pasa por ella, una experiencia tan alternativa como el ser.

El criterio del artículo “Celulosa que me hiciste guapo” señalaba a través de distintos episodios contextualizados, cómo la misma equivalencia mediática entre el ser y la nada intervenía entre “nadie” y “uno cualquiera”. De tal forma el más poderoso podía convertirse en “nadie”, en cuanto la mediatización globalizadora substituía al “Ciudadano Kane” por una cámara oculta (por uno-cualquiera, es decir, “nadie”), en cualquier parte. No fue nadie quien hizo la toma, esto es, fue uno cualquiera, todos y cada uno. La disolución de la res pública en el Sistema Político de la Nada conlleva la injerencia mediática de la globalización en cada contexto (supuestamente) nacional.

Esta licuación de la representación orgánica se analiza en el texto a través de un conjunto de pares disueltos entre sí:

-la empresa Botnia acusa a un ambientalista de difamarla por procedimiento de cámara oculta y amenaza hacerle juicio en la justicia uruguaya: uno-cualquiera, “un don nadie”, puso en riesgo a una transnacional

-mientras llegaba a su ocaso la democracia uruguaya articuladora de la condición nacional, una mayoría ciudadana se refugiaba en la neutralidad del “orden público” encarnado por cualquiera-nadie, ciudadano impávido ante el advenimiento represivo del Estado de excepción totalitario


-con la post-restauración democrático-liberal en curso bajo la hegemonía de la comunicación mundializada, se elimina la poliarquía representativa en cada partido (Ley de Lemas), sin embargo, no se trataba de una ampliación de la representación ciudadana sino de la sobrevivencia del propio sistema de partidos: el Frente Amplio buscaba substituirse a uno de los dos partidos tradicionales, mientras estos últimos pretendían dividir la izquierda entre “gubernamental” y “testimonial”

-Jorge Batlle acusa a Vázquez de Mega-Traición por intentar negociar con el presidente de la Argentina, sin embargo el propio Jorge Batlle lloró ante cámaras solicitando a la Argentina disculpas por haber afirmado, ante una cámara supuestamente apagada, que “todos los argentinos son unos ladrones del primero al último”

-el tango “Uno”, finalmente, ritmaba los momentos de esa asimilación mediática entre “nadie” y “uno cualquiera”, ya que estipula que la contingencia amorosa nos pone, a cualquiera como uno más (un “don nadie”), a la merced de algún otro.

Esta reversibilidad mediática que sostiene tecnológicamente la globalización, a través de la fusión de uno y otro en un “tercero incluido” -mediático, satisface al día de hoy, incluso a través de la actualidad periodística, aquella reversibilidad entre el guapo y el maula que anunciara, en su resumen de introducción, “Celulosa que me hiciste guapo”.

Tras haber reivindicado durante una década la guapeza de haberse enfrentado al grandote regional que representa la Argentina para defender el patrimonio nacional uruguayo, el mismo presidente Vázquez admite los propósitos de su actual ministro de relaciones exteriores, quien explica que Uruguay deberá pedir permiso a Brasil para celebrar un Tratado de Libre Comercio con China.3 Tanta ecuanimidad diplomática torna a los modos indicados por alguien, cuando de los mismos propósitos sostenidos por el ministro de economía del (mismo) gobierno, surge que tal anuencia de soberanía gestionada ante Brasil ha sido ordenada por la gigantesca China, con quien Uruguay pretende celebrar un TLC, donde desde ya su libertad es igual al dictado del supuesto socio.4

Convendría recordarles, a quienes pretenderían -silencio crítico mediante, igualar modosidad diplomática con sigilo económico, que en esta circunstancia pasamos de la fatalidad que nos llevaba, en el tango “Uno”, a admitir que la realidad es más fuerte que el deseo, a la pusilanimidad que denuncia en “Malevaje” el derrumbe moral.5

La catástrofe psicológica adviene, como en la fatalidad que lamenta “Uno”, desde afuera, pero ahora cambia la identidad ¿nacional? y se pone en evidencia ante los demás:

Decí, por Dios, ¿qué me has dao,
que estoy tan cambiao,
no sé más quien soy?
El malevaje extrañao,
me mira sin comprender...
Me ve perdiendo el cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción...
¿No ves que estoy embretao,
vencido y maniao
en tu corazón?”



La fascinación se apodera del malevo, dejándolo absorto en la contemplación desamparada del bien preciado, tan enorme quizás, como el corazón de una China:6


Te vi pasar tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual
que no fue más que verte y perder
la fe, el coraje,
el ansia 'e guapear.
No me has dejao ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz...
¡Ya no me falta pa' completar
más que ir a misa e hincarme a rezar!”


Finalmente el guapo no entiende lo que le pasa: ayer se enfrentaba a un gigante, hoy teme (globalmente) por sí mismo:


Ayer, de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr...
Me vi a la sombra o finao;
pensé en no verte y temblé...
¡Si yo, -que nunca aflojé-
de noche angustiao
me encierro a yorar!...
Decí, por Dios, ¿qué me has dao,
que estoy tan cambiao,
no sé más quien soy?”


De guapo a maula ¿qué más da? si se trata del “comercio de las miradas”,7 que hoy gobierna una pantalla global (Baudrillard dixit) en cualquier parte, donde (cada) uno es nadie.



1Viscardi, R. (2006) Celulosa que me hiciste guapo: el tango Merco-Global, Lapzus, Montevideo, p.57.
2Hegel, W.G. (1968) La ciencia de la lógica (Primera Parte), Solar, Buenos Aires, p.108.
4“El gobierno pretende seguir adelante con un TLC con China” El Observador (21/01/17)http://www.elobservador.com.uy/el-gobierno-pretende-seguir-adelante-el-tlc-china-n1011598
5de Dios Filiberto, J.(música), Discépolo E. (letra) (1929) Malevaje http://www.todotango.com/musica/tema/41/Malevaje/
6“China” es una expresión coloquial que designa a la dama en prosa gauchesca.
7Mondzain, M-J. (2003) Le commerce des regards, Seuil, Paris.

20.12.16

El bolero políticamente correcto


2a. quincena, diciembre 2016



Tenía ya casi decidido no actualizar el blog con la extensa emisión que tuve el placer de compartir en El Opio de las Masas, cuando el sueño que se apodera de los dormideros, gracias a la sustancia que Marx identificó con la religión, ganó desde las páginas de La Diaria mis incrédulas pupilas. Allí se publican las desventuras de una militante generacional defraudada por la regulación normativa. Se plañe el fracaso políticamente correcto, incluso cuando el amor a la norma ha sido inspirado por la movilización en la calle. Los militantes de la “agenda de derechos” habrían sido boicoteados por “abogados y doctores”.1 Incluso si no se llega a distinguir que diferenciaría a un abogado de un doctor, conviene no detenerse en menudencias institucionales, pese a que pensándolo mejor, uno pueda percibir que lo institucional y la abogacía no se encuentran tan distantes entre sí, ni respecto a una “agenda de derechos”. Advierte el relato la frustación de una generación que hizo realidad, al fin de cuentas, lo que el Frente Amplio suponía pero quizás no quería acometer desde el gobierno. La misma camada militante podría verse llamada al desengaño político, se desliza incluso, a la desistencia electoral, yendo por la vía del despecho ideológico. Se entona un bolero políticamente correcto, ante normas que correctamente insufladas al Estado se desinflan, una vez aterrizadas en la vía pública. El sentimiento políticamente correcto del bolero dice, desengañado de un Frente Amplio al que se dijera Nosotros:


Atiendeme, que quiero decirte algo, 
que quizas no esperes, 
doloroso tal vez.  

escuchame, 
aunque me duele el alma, 
yo necesito hablarte 
y así lo haré

Nosotros, 
que fuimos tan sinceros, 
que desde que nos vimos,  
amandonos estamos. 

Nosotros, 
que del amor hicimos, 
un sol maravilloso, 
romance tan divino.  

Nosotros, 
que nos queremos tanto, 
debemos separarnos,  
no me preguntes más. 

No es falta de cariño, 
te quiero con el alma,  
te juro que te adoro, 
y en nombre de este amor 
y por tu bien te digo adiós.  

Nosotros, 
que nos queremos tanto, 
debemos separarnos,  
no me preguntes más.  

No es falta de cariño, 
te quiero con el alma,  
te juro que te adoro, 
y en nombre de este amor 
y por tu bien... 
... te digo adiós... 2

Ensoñado tanto por el bolero como por el dormidero ideológico, buscando el placer que según se dice procura el Opio a las Masas, cedo a la tentación de pensar que una prolongada entrevista no es nada, en extensión ni en intención, comparada con el desaliento que cunde desde ya entre una militancia traicionada por el poder. Versando sobre Trump, el pasado de Fidel y el presente de Vázquez, la conversación que mantuve, quizás ya entre falaces y placenteras ensoñaciones, con El Opio de las Masas, no deja de incorporar lo “políticamente correcto”, incómodamente zarandeado por el ronquido filosófico.

En el link se encontrará, junto con el olvido del ingrato presente, la ensoñación francamente deliciosa de un Estado imposible http://elopiodelasmasas.tk/temporada-6-programa-31-la-politica-como-sistema-de-signos/



1Napiloti, R. “Regulación irresponsable”, La Diaria (19/12/16) http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/12/regulacion-irresponsable/
2 Eydie Gormé y Los Panchos, “Nosotros” https://www.youtube.com/watch?v=qirS5sGLWlM

28.11.16

Fidel Castro: la nación en un único socialismo


1a. quincena, diciembre 2016



Uno de los cuestionamientos más firmes al proyecto denominado “socialismo real”, que cundió estratégicamente a partir de la 2a. Guerra Mundial, provino de la paradojica pretensión de encarnar un proceso supuestamente universal a partir de un contexto exclusivamente nacional: desarrollar el socialismo en un único país. Por más que se sostuviera que ese Estado-nación (la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) hegemonizaba una diversidad de contextos idiosincráticos -sobre todo a partir del Pacto de Varsovia, la propia articulación estatal de una nación supone cierta organicidad que no puede sino imponerse como unidad de orientación.

Esa lectura se encuentra hoy refrendada por la obsolescencia de aquel “socialismo real”, pero sobre todo reviste insuficiencia para explicar el destino de la universalidad socialista, en cuanto siempre la ha doblegado y atravesado la condición idiosincrática nacional. Los nacionalismos han prevalecido desde la propia estructura socialista, no en razón de cierta fragilidad económica inducida por un mayor desarrollo histórico del capitalismo, sino como efecto de la propia evolución interna de la “dictadura del proletariado”, tal como ocurre hoy con China comunista.1 Tal denominación de la potencia asiática no adquiere sentido razonable sin entrecomillar el término “comunista”. Ese entrecomillado del término “comunista” no alude a un “falso comunismo” sino a una “verdadera China”.

Parece inconducente, sobre todo, suponer que esa prevalencia del nacionalismo sobre el socialismo parta de una pugna dirimida exclusivamente entre dos orientaciones contrapuestas -respectivamente “burguesa” y “proletaria”- del Estado-nación. Las dos son en verdad efecto de un mismo paradigma moderno, que habilitó la concepción de una totalidad natural y orgánica articulada a partir de la significación racional de la actividad humana. En la dualidad entre racionalidad y realidad estriba tanto el poderío como la debilidad de la propuesta moderna, tal como la estampó Hegel: “Lo real es racional y lo racional es real”. Conviene en este punto recordar que los “jóvenes hegelianos de izquierda”, inspiradores del naturalismo antropológico de Feuerbach y a través de éste último, del “materialismo dialéctico” -denominación que endosara la posteridad- de Marx, sostenían el primado del tramo de la fórmula hegeliana que sigue a la conjunción: “(...lo racional es real”.

En esa identificación ideal de la forma consistió el principio de universalidad moderno -que algunos persisten en denominar sesgadamente “utopía”, cuando el “no-lugar” es algo que debiera entenderse más allá de todo lugar efectivo y no como universalidad de la subjetividad. Puesta a probar su validez “urbi et orbi”, la idealidad -es decir la forma- subjetiva, que anida en una supuesta condición universal del ser humano, se ha fragmentado en tantas razones como contextos -nacionales en particular. De ahí que la propia eficacia del primer tramo de la expresión hegeliana: “Lo real es racional....)” haya parasitado desde su propia enunciación la significación efectiva del “socialismo real”, dotándolo de una carga de “realidad” que se distancia ante todo de la significación genérica del propio término “izquierda”, indeleblemente vinculado a la subversión intelectual: “lo racional es real”.2

El socialismo no es real sino en cuanto existe en un contexto, luego, su realidad es la de ese contexto y su universalidad no puede sino inspirarse en cierta visión singular, cargada de nacionalidad marcada. Suponer que a partir de tal anclaje en la singularidad, cierto “socialismo real” se propaga y extiende bajo la forma de la fatalidad objetiva, supone ante todo “poner el carro delante de los bueyes”, es decir, pretender que el segundo tramo del dictum hegeliano “(...lo racional es real” cunde mecánicamente – o sea, como mera naturalización del vínculo entre causa y efecto. La modernidad abjuró, en efecto, del “materialismo mecanicista” que la precedió (particularmente durante el siglo XVIII), al punto de convertir lo “abstracto” en sinónimo de “vacuo”. Lo concreto es definidamente nacional -en el sentido idiosincrático del término- y escasamente socialista en un sentido universal.3

El surgimiento de los estados-nación latinoamericanos en el marco de la propia configuración moderna que siguió a la revolución francesa y a las “revoluciones democráticas” que jalonaron el siglo XIX en Europa, marca una concomitancia efectiva entre el nacionalismo y el socialismo en América Latina. El pensamiento de Mariátegui es de los primeros en afirmar desde el punto de vista teórico una significación “indo-americana” del marxismo,4 pero en ciertas experiencias singulares, particularmente la del batllismo en el Uruguay, la concreción moderna une la condición nacional a los contenidos socialistas. El propio viraje que toma el peronismo, en cuanto a partir de una inspiración fascista inicial asume una orientación “antimperialista” de sesgo anticapitalista, señala a las claras la concomitancia entre la faz nacional y la faz socialista de la universalidad moderna en América Latina. Esta concomitancia se encuentra, una y otra vez, propiciada por el enfrentamiento de los estados-nación latinoamericanos con un contexto marcado por la presencia de las grandes potencias y particularmente a partir de la 2a. Guerra Mundial, de los EEUU.

El presidente uruguayo Luis Batlle Berres, heredero político y familiar de José Batlle y Ordóñez, fundador este último de la socialdemocracia uruguaya, se dirige al gobierno de la República Francesa en 1951, dos años antes del asalto al cuartel del Moncada, para concitar apoyo ante el creciente influjo estadounidense en la región sudamericana.5 El inicio de la sublevación contra el régimen de Batista, claramente vinculado a la presencia estadounidense en Cuba comienza sólo cinco años más tarde (se cumplieron este 25 de noviembre 60 años del inicio del viaje del Granma desde México a Cuba).

Cuando Marx analiza las formas de transformación de una sociedad, plantea dos modalidades: la transformación económica, como efecto de un proceso interno, o como efecto de la conquista de una sociedad sobre otra.6 Ningún derechista, de Vargas Llosa a Sanguinetti pasando por Trump, ha podido hasta el presente probar que un proyecto nacional pudiera sostenerse a partir de la injerencia extranjera -como no sea una réplica mimética. Fidel Castro logró demostrar que podía mantener ciertas formas de equilibrio social a partir de un bloqueo económico internacional, tanto más duro cuanto progresivamente generalizado, a partir incluso del descaecimiento de la Unión Soviética que le proveía un apoyo alternativo. Las falencias que aquejaron al proyecto socialista cubano y que vinieron a ser admitidas por el propio Fidel Castro, pusieron de manifiesto las misma índole de deficiencias -desmotivación económica y esclerosis ideológica- que conllevaron la caída del “socialismo real”. Esta constatación no invalida la motivación soberana, demuestra por el contrario como la organicidad nacional se ata a “modelos” que pautan su destino, incluso de forma falaz. En esa “idealidad” consiste justamente la función “utópica” de la subjetividad moderna, así como la claudicación que la afecta, una vez que confunde concreción con universalidad.

La afiliación nacionalista de la revolución cubana al “modelo soviético”, que terminaría por sellar su destino en lo interno, no deja de vincularse a una cuestión nacional anti-estadounidense, que sólo logró canalizarse a través de un único socialismo. En este sentido también en Cuba la cuestión nacional predominó en influjo y destino sobre el proyecto socialista, pero con la particularidad de que lo nacional cubano encontró, enfrentado a la presión de EEUU en el marco de la “Guerra Fría”, canalización efectiva a través del “socialismo real”.

Conviene preguntarse si esa afiliación a un régimen ya por entonces marcadamente totalitario (los “juicios de Moscú preceden a la gesta del Granma) era inevitable. Esta pregunta en parte ya ha sido respondida por la epopeya del Che y por la caída del “sistema socialista”. No sólo el Che Guevara lideró una concepción “moral” del proceso socialista incluso en lo económico, sino que además Cuba militó acerbamente -sobre todo en el período de la “Tricontinental”- por la revolución en el continente americano y en el Tercer Mundo.7

Conviene entonces considerar que en verdad el destino del planteo “socialista” ya estaba en decadencia tras la 2a Guerra Mundial, en particular en razón del ascenso de la tecnología como vector del poder mundial. Tanto la carrera espacial como la disuasión nuclear y las consecuencias estratégicas que advendrían de los respectivos “paraguas nucleares” de las grandes potencias, señalaban ya por entonces un “non plus ultra” que pasaba por una demarcación interna de fronteras -neta en Europa a partir de 1945, antes que por una guerra de conquista imperial. El rol de las grandes potencias y de los estados-nación (que hoy Trump pretende rehabilitar) iría debilitándose progresivamente, a través de esa demarcación intrafronteriza que pauta el ocaso de las estrategias modernas, surgidas al amparo de la concepción orgánica de las sociedades.

En ese transcurso que llevó desde un mundo donde se trataba ante todo de “materias primas, industrias y transformación, de clases y de desigualdades sociales” a otro hecho de “redes de datos, de flujos transfronterizos, de datos de información”,8 más allá de su adhesión a un paradigma en decadencia, Cuba pautó con la orientación de Fidel Castro un momento de dignidad latinoamericana, que no comenzó en el asalto al Moncada y todavía está muy lejos de cerrarse.

Tal como lo había vaticinado Rubén Darío en A Roosevelt, ante un gobierno de EEUU que aplicaba la política del “Gran Garrote” sobre la región centroamericana:

(...Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del León Español...)”



1 Desde una lectura del proceso particular de la Unión Soviética y situándola como precedente del proceso cubano, la misma tesis se defiende en Mansilla, H.C.F. “Socialismo y nacionalismo como agentes de modernización acelerada” (2007) Cuadernos del Cendes, No. 64, http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1012-25082007000100003 (acceso el 27/11/16)
2 Sobre el carácter subversivo de la razón moderna ver Viscardi, R. “”Qué quiere decir “hablar” en Sartre?” (2010) Ariel No. 5 https://arielenlinea.wordpress.com/2010/07/15/%C2%BFque-quiere-decir-%E2%80%9Chablar%E2%80%9D-en-sartre-ricardo-viscardi/ (acceso el 27/11/16)
3 La condena del “mecanicismo” llega hasta Althusser, ver Althusser, L. (1980) Lire le Capital II, Paris, Maspéro, p. 56.
4 Fernández, O. “¿Defensa o transformación del marxismo?” en Mariátegui, J. Defensa del marxismo (edición comentada) (2015) Universidad de Valparaíso, Valparaíso, p.102.
5 “Este es quizá uno de los puntos menos destacados en el libro de Sanguinetti, quien en política exterior prioriza las críticas de Batlle Berres a la política de subsidios de EEUU, que perjudicaba a Uruguay, o el apoyo a la formación del Estado de Israel. Trujillo, V. “Sobrino, lider y leyenda” El Observador (25/07/16) http://www.elobservador.com.uy/sobrino-lider-y-leyenda-n284088
6 Marx, K. (1968) Introducción General a la Crítica de la Economía Política/ 1857, Siglo XXI, México, pp.47-48 http://www.socialismo-chileno.org/febrero/Biblioteca/Marx/1857-Karl-Marx-Introduccion-general-a-la-critica-de-la-economia-politica.pdf (acceso el 27/11/16)
7 2a. Declaración de La Habana (1962) http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040262e.html (acceso el 27/11/16)
8 Wolton, D. (1992) Elogio del Gran Público, Gedisa, Barcelona, p.95.

11.11.16

Tío Rico McPato aniquila al sistema de partidos


2a. quincena, noviembre 2016


Cierto efecto post-Trump ha desencadenado una ola de indignación y estupor mundial. El perfil xenófobo, racista y homófobo protagonizado por el victorioso presidente electo de la mayor potencia nacional mundial, ha sumado en su contra miles de millares de condenas justificadas y fundadas. Esta ola no es la primera, sino la segunda contra Trump. Si se advierte que la primera cresta de indignación lo llevó a ser electo presidente, conviene en el inicio de esta segunda marejada y previniendo la mortificación moral que cundirá en adelante, preguntarse adonde nos llevará -o mejor dicho llevaría al invicto Trump- esta segunda onda mundial que nos mantiene desde ya en la cúspide de la más loable escandalización.

Con razón más de un compañero1 se preguntaba en el exilio por qué habían triunfado esos brutos y energúmenos militares que tuvimos por verdugos, cuando eran obviamente ignorantes e incultos. Desde entonces algunas décadas pasaron y no dejaron de conservar, aquellos ignaros, una impunidad institucional que se burla de la investigación, tras haber evitado con dos plebiscitos de por medio, que la ley de “caducidad de la pretensión punitiva del Estado” (es decir: la ley de impunidad) fuera derogada. Todavía están preguntándose en Chile por qué un asesino despiadado les legó una constitución que al presente se perpetúa, sin hablar de la dispersión del sistema universitario y la mercantilización de la enseñanza durante décadas, circunstancia a la que aún hoy se le busca solución satisfactoria.

El triunfo del tocayo del pato de Disney se produce como efecto de un derrumbe del sistema de partidos, parte fundamental del sistema político. No sólo Trump le hace morder el polvo reiteradamente en las internas a los “políticos profesionales” del partido republicano, sino que además logra derrotar a su contendiente demócrata en elecciones nacionales -por más que Hillary Clinton no sólo contaba con su propio partido, sino también con la defección de gran parte de quienes hubieran debido apoyar a Trump por disciplina partidaria. A ese desequilibrio que cundía entre los apoyos propios y ajenos, la candidata demócrata sumaba en su favor la opinión pública nacional e internacional y un gran contingente de “famosos” y notables, que incluso declaraban un rechazo visceral hacia el candidato del jopo blondo.2 Para medir el grado de condena del magnate convertido en “nuevo rico” de la política (o en política del “nuevo rico”) con relación al registro “políticamente correcto” del “establishment”, conviene tener en cuenta que la familia Bush -que difícilmente pase por moderadamente derechista, le negó su apoyo e inclusive votó en blanco.3

Curiosamente los analistas no se preguntan por las causas estructurales del derrumbe del sistema de partidos, sino por las determinaciones sociales - desocupación, inmigración que compite por los mismos trabajos, desmantelamiento industrial- que como efecto de la globalización determinan un giro defensivo y derechista, entre cierta base electoral históricamente marcada. Tal mutis por el foro de la interrogación manifiesta ante todo una defección del pensamiento, en cuanto deja en un limbo perenne la vigencia efectiva de la democracia representativa, perforada por la tecnología en el terreno de la información y la comunicación. Convendría poner en cotejo con este derrumbe vía Trump no sólo el Brexit, suceso de escala internacional, sino también el prolongado lapso sin gobierno por el que acaba de pasar España, o la mofa de la legitimidad democrática que supuso la destitución de Roussef. Todas estas manifestaciones replican un único fenómeno (a esta altura “crónica de una muerte anunciada”)4: desestabilizada por la circulación supra-nacional propia a la tecnología mediática, la institucionalidad estatal no conserva una condición rectora de la circulación de la opinión, ni tampoco de la eficacia del poder.

El elemento más significativo en tal sentido es el “voto vergonzante” de parte del electorado de Trump, que lo llevó a falsear en la declaración de opinión la intención de voto.5 Los encuestadores debieran considerar, antes que imputar de falsía a los encuestados, si la identificación entre los medios de comunicación y los instrumentos de compulsa -ya fundidos en un único sistema mediático- no conlleva que viendo al uno -el encuestador- se ve al otro -el “4o poder” como “brazo civil” del sistema político. ¿Cuántos entre nosotros le declararían al “agente del orden” que golpea a la puerta que acaban de cometer un delito?

Si este derrumbe del sistema de partidos se vuelve tan estentóreo en EEUU, cuando en realidad es un fenómeno reiterado por episodios telenovelados -¿como olvidar a Berlusconi, a Menem y a Collor de Mello?, es porque el outsider yankee ingresa desde el exterior del sistema político, sin antecedentes de actuación, en cuanto el sistema de partidos estadounidense no se articula a través del vínculo entre ideología y movilización social que denominamos, en la tradición occidental, “movimiento popular”. Ya en los años 60’ la escuela de Francfort denunciaba que los sindicatos obreros operaban en el país norteño como resortes directos del poder, sin distancia ideológica con el status quo.6 Esta desideoligización relativa no sólo es efecto de una singular energía del sistema económico capitalista en tierra yankee, sino que incluso esa percepción de un contexto objetivo omnipotente es, ella misma, efecto de una tradición pragmática que la inspira y sostiene.

La minoridad en que prosigue un movimiento popular vertebrado entre la base social y la soberanía estatal es suplido por la vía del sistema de comunicación. Estados Unidos fue el país pionero en la implementación de la propaganda bélica con fines de movilización social desde la 1a. Guerra Mundial, sobre los hombros de una pujante industria cinematográfica.7 Tanto los periódicos de masas como los medios electrónicos clásicos (radio y televisión) oficiaron como orientadores de la opinión pública, marcando umbrales en la comunicación política de masas, entre los que se destaca el debate televisivo Kennedy-Nixon en 1960. Sin que medie la configuración de tradiciones organizadas en torno a troncos ideológicos, semejante incidencia de la comunicación de masas tiende a gravitar en torno a la gestión empresarial de los mismos medios que la sostienen.

Durante la campaña que se cerró anteayer, algún periódico manifestó su apoyo a la Sra. Clinton.8 En el Uruguay ese apoyo sería impensable, porque el lector entendería, al tomar noticia de tal “apoyo”, que le toman el pelo: ¿Se imagina a El Observador apoyando al Frente Amplio? Ese decalage entre el ethos (costumbres y carácter de un pueblo) propio del Uruguay, donde el sistema de partidos presenta (según Sartori) el mejor ejemplo de un sistema de fracciones (es decir donde los partidos se encuentran en interface máxima con la sociedad) y por otro lado, el sistema estadounidense, nos da la pauta de la sustentanción tecnológica y empresarial del sistema de medios en aquel país (publicidad, periodismo, formación de opinión), que asimismo lo anuda inapelablemente a los intereses más inmediatos y menos consistentes.

Mi recordado amigo Pablo Astizarán decía con notable mordiente conceptual: “El marketing se ha hecho para saber lo que el mercado quiere. El problema es que el mercado no está hecho para saber”. Un saber anclado sobre la volubilidad del interés se parece demasiado a la ruleta rusa conceptual o al volátil jopo de Trump.

Esa sustentación empresarial del sistema de medios y de la movilización que reposa sobre él, debe encontrarse respaldada por una sólida confianza en la reciprocidad de significación entre la información periodística y las opciones en juego. Al margen de cierta cohesión estructural del proceso mediático, la “convicción por información” (en lugar de la “fortaleza ideológica”) no lograría persuadir en el plano de las conductas colectivas. El consenso relativo se articula, por esa vía, de cara a un concepción unificada del vínculo entre la formación de opinión y las señales del contexto, es decir, bajo el follaje umbrío del criterio pragmático del saber: “el árbol se conoce por sus frutos”.

El problema se presenta, dentro de esa realidad supuestamente una, cuando las razones que movilizan la lectura son diferentes y por consiguiente, los efectos esperados también. Una vez admitido que siendo la realidad una, los efectos deben ser igualmente observables para tirios y troyanos, el “día después” puede dejar a Trump en la Casa Blanca. Es así que en el país que concibió el criterio de continuidad cognitiva para representar una realidad única per se (el pragmatismo), cunde al día de hoy la brecha ideológica más estentórea, por encima de cualquier otro ejemplo dentro de la tradición occidental.

Esta situación devastada de una opinión ontológicamente integrista pesa ante todo en el plano educativo y debiera llevar a abandonar, de una vez por todas, los criterios de “eficacia aplicada a la educación” que se fundan en la “evaluación” -término originado en el quehacer empresarial- por indicadores (pruebas Pisa, ranking de Shangai, modelo “Sillicon Valley”). La educación “para el trabajo en el mundo de hoy” que cundió a través del gobierno del “presidente más pobre del mundo” entre nosotros, cristaliza también hoy en las opciones del electorado más emprobrecido intelectualmente dentro del país más rico del mundo. La formación aplicada (es decir, capacitación operativa) que predicó “el Pepe”, cuadra a la perfección con el sesgo educativo característico de la tradición anglosajona en su conjunto, predominante además entre el electorado que se pasó a las filas de Trump y generó así la diferencia electoral decisiva: obreros blancos de baja clase media y nivel de educación formal secundario o menor.9

Si alguien adujera que el proyecto mujiquista en el Uruguay apuntaba a una educación técnica terciaria, convendría recordarle que las pautas rectoras de la educación no se dividen sin dividir -es decir, disminuir en su alcance ideológico- ipso facto el proyecto educativo, ya que como lo recordó en su momento Vaz Ferreira, las ciencias y las técnicas clásicas y modernas son precedidas por la insumisión humanística.10 Si se liquida las Humanidades -como efectivamente lo preconizó declarativamente “el Pepe”,11 se liquida el conjunto de la tradición transformadora de la sociedad a través del saber (como lo sostuvo el propio Congreso de los EEUU).12

Se dirá que en ese mismo contexto ha penetrado exitosamente el pensamiento post-estructuralista y el post-modernismo nietzscheano, en universidades como John Hopkins en su momento, también se aducirá la finísima elaboración de núcleos que lideran en las ciencias y las artes, sin olvidar que Nueva York es el centro cultural del mundo actual. Ante la elección de un demagogo adinerado, mal que le pese a un importante sector bienpensante, conviene considerar que cierto brillo intelectual de laminadas elites no constituye sino una mínima parte del iceberg, apenas emergente por sobre la línea de flotación, cuya amenaza consiste en la masa sumergida por debajo de “lo políticamente correcto” y no en el brillo de una reducida cúspide.

Bajo una mirada sostenida en la perspectiva de la crisis de la cultura decimonónica de la representación-delegación y de los estados-nación que proyectó, pero que a su vez disolvió durante la 2a mitad del Siglo XX en la tecnología -particularmente en su versión mediática, el “efecto Trump” se presenta menos desalentador que la denuncia “políticamente correcta” pero cargada de moralismo bienpensante:

a) en adelante será más difícil hacer pasar gato empresarial por liebre popular: el “efecto Trump” demostró que la comunicación masiva no instruye sino que simplemente consume y que nadie “pasa” por ella (Mujica, Lula, Novick) sin someterse a la recepción ideológica que la sostiene

b) la pretensión de incidir a través de campañas de moralización de la opinión pública (sobre ecología, género o globalización) en el sistema político -para transformar desde el Estado la sociedad- toma deseos por realidades: el sistema político claudicó de antemano en manos de la tecnología mediática

c) la orientación de la vectorialidad de los movimientos sociales y las campañas de opinión hacia una cristalización normativa, sólo agrega capas de judicialización de la sociedad, que las creencias efectivas se sacudirán de encima, como el bagual encabritado por el domador del que se deshace: se impone cambiar el ethos (carácter y costumbres de un pueblo) -a través de una educación insumisa al empresariado- antes que modificar el sistema jurídico

También se distingue un laudo del saber: los numeritos simplificadores se han disuelto como azúcar en el café, en el propio país donde el modelo con sabor a realidad tangible tuvo su “centro de excelencia”. Queda gente para creer en las encuestas (no sólo de opinión) y en el tarot, aunque este último lleve, en la comparación, cierta ventaja de tradición interpretativa.



1Recuerdo la insistencia al respecto de Luis Guirín.

2“Super famosos de Hollywood se unen para llamar a votar en EU (contra Donald Trump)” El animal político (21/09/16) http://www.animalpolitico.com/2016/09/super-celebridades-hollywood-se-unen-llamar-votar-eu-donald-trump/3 “Elecciones en Estados Unidos: el expresidente George W. Bush confirma que no votó por Donald Trump” BBC Mundo (09/11/16)
http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37917588

4Entre tantos otros anuncios de la desarticulación de la idiosincracia de la representación (política incluida), ver Derrida, J. (1993) La desconstrucción en las fronteras de la filosofía, Paidós, Barcelona, p.82.

5Pardo, P. El voto oculto de Donald Trump” EM Internacional (27/10/16) http://www.elmundo.es/internacional/2016/10/27/5810fd8cca4741ce178b456c.html

6Marcuse, H. (1969) Psicoanálisis y política, Península, Barcelona, p.142.

7 McQuail, D. (1983) Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós, Barcelona,
p. 217.

8The New York Times’ apoya la candidatura de Hillary Clinton” El País (24/09/16) http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/24/estados_unidos/1474746576_990368.html

9“Quien votó a Trump?” El Observador (09/11/16) http://www.elobservador.com.uy/por-que-gano-trump-n996253

10Vaz Ferreira, C. “Discurso de Carlos Vaz Ferreira” en 70 años de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (2016) Facultad de Humanidades, p.11.

11Ver en este blog “Mujica contra la filosofía: la desobediencia civil presidencial” (16/06/11) http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2011/06/mujica-contra-la-filosofia-la_7065.html

12 The Hearth of the Matter (2013) American Academy of Arts and Sciences, Massachusets. Versión
digital http://www.humanitiescommission.org/_pdf/HSS_Report.pdf

30.10.16

Jorge Batlle no era batllista

2a quincena octubre, 2016


En referencia a la exégesis que intenta maniatar el corpus generado por Foucault, que ante todo condenó la Historia como disciplinamiento del sentido, en un artículo reciente se señalaba que el autor de Vigilar y Castigar habría declarado, de cara a tal tergiversación y con el antecedente provisto por Marx, “yo no soy foucaldiano”.1 Como es sabido, ante reivindicaciones de su obra en las que no llegaba a reconocerse, el autor de “El Capital” declaró, “yo no soy marxista”. Tanto en la proyección imaginaria de una declaración por parte de Foucault, como en la propia a Marx, la denegación de reconocerse en la versión de comentaristas o adeptos se carga de un sentido irónico. El autor de una obra deniega (en el caso de Marx) o denegaría (en el caso imaginado a partir de Foucault) la identidad que le es propia, si debiera entenderla tal como la presentan terceros, distancia apelativa (no me reconozco en la presentación que se hace de mi pensamiento en mi nombre) que carga de ironía fatal la expresión de rechazo.

En el caso de la expresión “Jorge Battle no era batllista”, la eventual ironía del registro ideológico enunciado parece reposar en la mera consonancia patronímica. No precisa abundarse en el sentido ideológico de tal expresión, porque los propios comentaristas hagiógrafos de Batlle señalan al unísono que procuró transformar a su partido, en particular, en la vertiente batllista que sufrió señalados altibajos históricos dentro del Partido Colorado.2 De ese afán de transformación no parece quedar, mal que les pese a esos comentarios, ningún registro exitoso. Si la figura de Jorge Batlle como precursor de una orientación mercadocrática del gobierno nacional debiera presentarse -como algunos lo hacen- en gaje de su trascendencia al presente, no lograría cundir con significación exitosa -en los resultados económicos en particular, sin prolongarse hasta la figura de Astori.3

Pero al llegar a ese lugar se advertiría que poco tendría que ver, en términos de entidad partidaria, con una refundación del batllismo. Incluso porque resultaría poco menos que imposible distinguirla de la figura de Luis Lacalle Herrera, que en el período (85-90) de “restauración” de la democracia representativa tradicional, implementó esas mismas orientaciones “jorgebatllistas” con una radicalidad que sin embargo edulcoró su sucesor en el cargo presidencial, Julio María Sanguinetti.

Este último efectivamente rectificó el rumbo que cundía por entonces en el continente -gracias en particular a Menem y Collor de Mello, al sumarse al bloque político que se opuso con éxito, por referendum, a la privatización de ANCAP. El relato necrológico que hace Julio María Sanguinetti del presidente fallecido días atrás, señala a las claras cuán poco el “retorno moderado” del gobierno colorado al batllismo histórico se opone -al frenar las privatizaciones a partir de 1994, a una perspectiva inducida por Jorge Batlle.4 El obituario que presenta Sanguinetti subraya no sólo el inicio de uno y otro dentro del propio sector de la lista 15, sino que más allá de una incidencia de competencia electoral (en 1989), han colaborado prolongadamente en la misma labor partidaria. Quizás la culminación concreta de la distancia entre Jorge Batlle y el batllismo histórico deba vincularse al momento de su mayor logro político personal: alcanzar la presidencia de la república. Resulta imposible no recordar de la propaganda política en el balotaje que culminó con la victoria de Jorge Batlle, la imagen personal de este último difundida con los colores del Partido Nacional, escena poco identificable con el batllismo histórico, que fuera presentado por Benito Nardone en la difusión radial antibatllista bajo el rótulo de “comunismo chapa 15”.5  Pero tal heterodoxia icónica difícilmente pudiera traducir una "reformulación del batllismo" sostenida por los propios colores del adversario histórico.

No se trata en este momento de duelo de desmerecer las características personales de Jorge Batlle, en lo que hace a su capacidad intelectual, la iniciativa política e incluso la bonohomía que le eran propias, sino de destacar hasta que punto esas virtudes personales del líder colorado parecen subrayar otras tantas carencias de la enorme mayoría de los comentarios póstumos que se le dedicaron. Mientras desde el gobierno el homenaje que se destila en galardones de virtudes personales parece demasiado elogioso -en cuanto proviene de tiendas adversarias, o demasiado evasivo -en cuanto elude pronunciarse sobre el trasfondo político, desde los sectores afines al ex-mandatario se lo erige en ejemplo de conductor político -cuando su propio partido y además su sector pasan por el peor momento posible,6 mientras finalmente, desde la prensa que le sería opuesta sobran las reseñas someras -sensiblemente huérfanas de lectura crítica.

El empalagoso estilo de tirios y troyanos, o el silencio guardado ante la figura histórica señalan a las claras el déficit de enfoque que atribula al sistema de partidos y a la (gran) prensa política. Llama poderosamente la atención, en efecto, como unos y otros aceptan por igual que en razón de la crisis del 2002, durante la cual Uruguay estuvo al borde del default, Jorge Batlle tuvo que arrostrar durante su único mandato presidencial un momento aciago como ningún otro sufrido -que haya memoria- por otro mandatario que hubiera estado en su lugar.7 E incluso se señala como una de las paradojas que lo habrían acompañado, que su sucesor Tabaré Vázquez tuvo, por el contrario durante su primer mandato “el viento de cola” en el campo económico.

Más allá de la reducción de lo político a lo económico que suele campear febrilmente en las cúpulas institucionales, quienes se compadecen del infortunio histórico de Jorge Batlle al haber pasado, durante su presidencia por “una de las peores, sino la peor crisis que haya atravesado el país” olvidan, quizás como efecto de una crisis bastante más profunda y duradera que aqueja todavía hoy a la crítica- que aquella crisis mayor fue efecto directo del auge -a partir del consenso de Washington en los 80'- de la concepción económica que Jorge Batlle defendió con uñas y dientes. Compadecer a Jorge Batlle porque el sistema bancario le desfondó el país que presidía, sería como compadecer a George W. Bush porque Wall Street propició el desfalco finaciero a través de la burbuja inmobiliara de las subprime en 2006, o a Leonid Brejhnev porque los estudiantes checos le hicieron sufrir la “Primavera de Praga” en 1968.

Lo que ha merecido la ironía de Woddy Allen8 y una de las más feroces -en sentido propio y figurado- actuaciones de Leonardo di Caprio,9 o La insoportable levedad del ser de Kundera, no llega a inspirar entre nosotros sino compasión histórica. Como si no existiera vínculo estricto entre la teoría que se sostiene y las actuaciones que se desempeña. En el sistema de partidos y en la prensa que juega a “4o poder”, en efecto, no existe la teoría, sí el desempeño, con los efectos que son de esperar a simple lectura y sobre todo, más allá. A partir de esa constatación se impone coincidir con una afirmación reiterada entre las distintas versiones del obituario de Jorge Batlle: su deceso marca el fin de una época. Pero no marca tan sólo el fin del batllismo dinástico, sino ante todo el fin de la soberanía de partidos.




1Viscardi, R. “Foucault y la Santísima Trinidad (marxismo incluido)” en Leituras acontecimentais (pp.44-56) http://media.wix.com/ugd/48d206_1f1f5c733cb04403b1e824b0c9c90cb3.pdf
2Peirano, R. “El reposo del guerrero” El Observador (30/10/16) http://www.elobservador.com.uy/el-reposo-del-guerrero-n988198
3Danilo Astori se ha constituido en el inspirador de la política económica llevada adelante por los tres períodos sucesivos en que el Frente Amplio ha gobernado, a partir de 2005.
4Sanguinetti, J. “Jorge Batlle, una lección de grandeza” en Jorge Batlle (Suplemento Especial de El Observador), (25/10/16) p.11 http://media.elobservador.com.uy/adjuntos/181/documentos/013/031/0013031948.pdf
5Benito Nardone político populista que atravesó distintas pertenencias políticas, llevó a cabo una prédica radial anticitadina y conservadora en los años 50', condenando la “corrupción” de la ciudad y denunciado en ese marco el sesgo “comunista” del batllismo liderado por Luis Batlle Berres, quien encabezaba electoralmente la lista 15.
6La intención de voto de todo el Partido Colorado estaría por debajo del 10%, según las últimas encuestas de opinión. Ver: “Intención de voto: Frente Amplio cae en picada y Novick iguala al Partido Colorado” Uruguay en las Noticias (29/07/16) http://uruguayescribe.blogspot.com.uy/2016/07/intencion-de-voto-frente-amplio-cae-en.html
7Le tocó bailar con la más fea” en Jorge Batlle (Suplemento Especial de El Observador), (25/10/16) p.9 http://media.elobservador.com.uy/adjuntos/181/documentos/013/031/0013031948.pdf
8Ver Blue Jasmine https://en.wikipedia.org/wiki/Blue_Jasmine