28.11.16

Fidel Castro: la nación en un único socialismo


1a. quincena, diciembre 2016



Uno de los cuestionamientos más firmes al proyecto denominado “socialismo real”, que cundió estratégicamente a partir de la 2a. Guerra Mundial, provino de la paradojica pretensión de encarnar un proceso supuestamente universal a partir de un contexto exclusivamente nacional: desarrollar el socialismo en un único país. Por más que se sostuviera que ese Estado-nación (la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) hegemonizaba una diversidad de contextos idiosincráticos -sobre todo a partir del Pacto de Varsovia, la propia articulación estatal de una nación supone cierta organicidad que no puede sino imponerse como unidad de orientación.

Esa lectura se encuentra hoy refrendada por la obsolescencia de aquel “socialismo real”, pero sobre todo reviste insuficiencia para explicar el destino de la universalidad socialista, en cuanto siempre la ha doblegado y atravesado la condición idiosincrática nacional. Los nacionalismos han prevalecido desde la propia estructura socialista, no en razón de cierta fragilidad económica inducida por un mayor desarrollo histórico del capitalismo, sino como efecto de la propia evolución interna de la “dictadura del proletariado”, tal como ocurre hoy con China comunista.1 Tal denominación de la potencia asiática no adquiere sentido razonable sin entrecomillar el término “comunista”. Ese entrecomillado del término “comunista” no alude a un “falso comunismo” sino a una “verdadera China”.

Parece inconducente, sobre todo, suponer que esa prevalencia del nacionalismo sobre el socialismo parta de una pugna dirimida exclusivamente entre dos orientaciones contrapuestas -respectivamente “burguesa” y “proletaria”- del Estado-nación. Las dos son en verdad efecto de un mismo paradigma moderno, que habilitó la concepción de una totalidad natural y orgánica articulada a partir de la significación racional de la actividad humana. En la dualidad entre racionalidad y realidad estriba tanto el poderío como la debilidad de la propuesta moderna, tal como la estampó Hegel: “Lo real es racional y lo racional es real”. Conviene en este punto recordar que los “jóvenes hegelianos de izquierda”, inspiradores del naturalismo antropológico de Feuerbach y a través de éste último, del “materialismo dialéctico” -denominación que endosara la posteridad- de Marx, sostenían el primado del tramo de la fórmula hegeliana que sigue a la conjunción: “(...lo racional es real”.

En esa identificación ideal de la forma consistió el principio de universalidad moderno -que algunos persisten en denominar sesgadamente “utopía”, cuando el “no-lugar” es algo que debiera entenderse más allá de todo lugar efectivo y no como universalidad de la subjetividad. Puesta a probar su validez “urbi et orbi”, la idealidad -es decir la forma- subjetiva, que anida en una supuesta condición universal del ser humano, se ha fragmentado en tantas razones como contextos -nacionales en particular. De ahí que la propia eficacia del primer tramo de la expresión hegeliana: “Lo real es racional....)” haya parasitado desde su propia enunciación la significación efectiva del “socialismo real”, dotándolo de una carga de “realidad” que se distancia ante todo de la significación genérica del propio término “izquierda”, indeleblemente vinculado a la subversión intelectual: “lo racional es real”.2

El socialismo no es real sino en cuanto existe en un contexto, luego, su realidad es la de ese contexto y su universalidad no puede sino inspirarse en cierta visión singular, cargada de nacionalidad marcada. Suponer que a partir de tal anclaje en la singularidad, cierto “socialismo real” se propaga y extiende bajo la forma de la fatalidad objetiva, supone ante todo “poner el carro delante de los bueyes”, es decir, pretender que el segundo tramo del dictum hegeliano “(...lo racional es real” cunde mecánicamente – o sea, como mera naturalización del vínculo entre causa y efecto. La modernidad abjuró, en efecto, del “materialismo mecanicista” que la precedió (particularmente durante el siglo XVIII), al punto de convertir lo “abstracto” en sinónimo de “vacuo”. Lo concreto es definidamente nacional -en el sentido idiosincrático del término- y escasamente socialista en un sentido universal.3

El surgimiento de los estados-nación latinoamericanos en el marco de la propia configuración moderna que siguió a la revolución francesa y a las “revoluciones democráticas” que jalonaron el siglo XIX en Europa, marca una concomitancia efectiva entre el nacionalismo y el socialismo en América Latina. El pensamiento de Mariátegui es de los primeros en afirmar desde el punto de vista teórico una significación “indo-americana” del marxismo,4 pero en ciertas experiencias singulares, particularmente la del batllismo en el Uruguay, la concreción moderna une la condición nacional a los contenidos socialistas. El propio viraje que toma el peronismo, en cuanto a partir de una inspiración fascista inicial asume una orientación “antimperialista” de sesgo anticapitalista, señala a las claras la concomitancia entre la faz nacional y la faz socialista de la universalidad moderna en América Latina. Esta concomitancia se encuentra, una y otra vez, propiciada por el enfrentamiento de los estados-nación latinoamericanos con un contexto marcado por la presencia de las grandes potencias y particularmente a partir de la 2a. Guerra Mundial, de los EEUU.

El presidente uruguayo Luis Batlle Berres, heredero político y familiar de José Batlle y Ordóñez, fundador este último de la socialdemocracia uruguaya, se dirige al gobierno de la República Francesa en 1951, dos años antes del asalto al cuartel del Moncada, para concitar apoyo ante el creciente influjo estadounidense en la región sudamericana.5 El inicio de la sublevación contra el régimen de Batista, claramente vinculado a la presencia estadounidense en Cuba comienza sólo cinco años más tarde (se cumplieron este 25 de noviembre 60 años del inicio del viaje del Granma desde México a Cuba).

Cuando Marx analiza las formas de transformación de una sociedad, plantea dos modalidades: la transformación económica, como efecto de un proceso interno, o como efecto de la conquista de una sociedad sobre otra.6 Ningún derechista, de Vargas Llosa a Sanguinetti pasando por Trump, ha podido hasta el presente probar que un proyecto nacional pudiera sostenerse a partir de la injerencia extranjera -como no sea una réplica mimética. Fidel Castro logró demostrar que podía mantener ciertas formas de equilibrio social a partir de un bloqueo económico internacional, tanto más duro cuanto progresivamente generalizado, a partir incluso del descaecimiento de la Unión Soviética que le proveía un apoyo alternativo. Las falencias que aquejaron al proyecto socialista cubano y que vinieron a ser admitidas por el propio Fidel Castro, pusieron de manifiesto las misma índole de deficiencias -desmotivación económica y esclerosis ideológica- que conllevaron la caída del “socialismo real”. Esta constatación no invalida la motivación soberana, demuestra por el contrario como la organicidad nacional se ata a “modelos” que pautan su destino, incluso de forma falaz. En esa “idealidad” consiste justamente la función “utópica” de la subjetividad moderna, así como la claudicación que la afecta, una vez que confunde concreción con universalidad.

La afiliación nacionalista de la revolución cubana al “modelo soviético”, que terminaría por sellar su destino en lo interno, no deja de vincularse a una cuestión nacional anti-estadounidense, que sólo logró canalizarse a través de un único socialismo. En este sentido también en Cuba la cuestión nacional predominó en influjo y destino sobre el proyecto socialista, pero con la particularidad de que lo nacional cubano encontró, enfrentado a la presión de EEUU en el marco de la “Guerra Fría”, canalización efectiva a través del “socialismo real”.

Conviene preguntarse si esa afiliación a un régimen ya por entonces marcadamente totalitario (los “juicios de Moscú preceden a la gesta del Granma) era inevitable. Esta pregunta en parte ya ha sido respondida por la epopeya del Che y por la caída del “sistema socialista”. No sólo el Che Guevara lideró una concepción “moral” del proceso socialista incluso en lo económico, sino que además Cuba militó acerbamente -sobre todo en el período de la “Tricontinental”- por la revolución en el continente americano y en el Tercer Mundo.7

Conviene entonces considerar que en verdad el destino del planteo “socialista” ya estaba en decadencia tras la 2a Guerra Mundial, en particular en razón del ascenso de la tecnología como vector del poder mundial. Tanto la carrera espacial como la disuasión nuclear y las consecuencias estratégicas que advendrían de los respectivos “paraguas nucleares” de las grandes potencias, señalaban ya por entonces un “non plus ultra” que pasaba por una demarcación interna de fronteras -neta en Europa a partir de 1945, antes que por una guerra de conquista imperial. El rol de las grandes potencias y de los estados-nación (que hoy Trump pretende rehabilitar) iría debilitándose progresivamente, a través de esa demarcación intrafronteriza que pauta el ocaso de las estrategias modernas, surgidas al amparo de la concepción orgánica de las sociedades.

En ese transcurso que llevó desde un mundo donde se trataba ante todo de “materias primas, industrias y transformación, de clases y de desigualdades sociales” a otro hecho de “redes de datos, de flujos transfronterizos, de datos de información”,8 más allá de su adhesión a un paradigma en decadencia, Cuba pautó con la orientación de Fidel Castro un momento de dignidad latinoamericana, que no comenzó en el asalto al Moncada y todavía está muy lejos de cerrarse.

Tal como lo había vaticinado Rubén Darío en A Roosevelt, ante un gobierno de EEUU que aplicaba la política del “Gran Garrote” sobre la región centroamericana:

(...Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del León Español...)”



1 Desde una lectura del proceso particular de la Unión Soviética y situándola como precedente del proceso cubano, la misma tesis se defiende en Mansilla, H.C.F. “Socialismo y nacionalismo como agentes de modernización acelerada” (2007) Cuadernos del Cendes, No. 64, http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1012-25082007000100003 (acceso el 27/11/16)
2 Sobre el carácter subversivo de la razón moderna ver Viscardi, R. “”Qué quiere decir “hablar” en Sartre?” (2010) Ariel No. 5 https://arielenlinea.wordpress.com/2010/07/15/%C2%BFque-quiere-decir-%E2%80%9Chablar%E2%80%9D-en-sartre-ricardo-viscardi/ (acceso el 27/11/16)
3 La condena del “mecanicismo” llega hasta Althusser, ver Althusser, L. (1980) Lire le Capital II, Paris, Maspéro, p. 56.
4 Fernández, O. “¿Defensa o transformación del marxismo?” en Mariátegui, J. Defensa del marxismo (edición comentada) (2015) Universidad de Valparaíso, Valparaíso, p.102.
5 “Este es quizá uno de los puntos menos destacados en el libro de Sanguinetti, quien en política exterior prioriza las críticas de Batlle Berres a la política de subsidios de EEUU, que perjudicaba a Uruguay, o el apoyo a la formación del Estado de Israel. Trujillo, V. “Sobrino, lider y leyenda” El Observador (25/07/16) http://www.elobservador.com.uy/sobrino-lider-y-leyenda-n284088
6 Marx, K. (1968) Introducción General a la Crítica de la Economía Política/ 1857, Siglo XXI, México, pp.47-48 http://www.socialismo-chileno.org/febrero/Biblioteca/Marx/1857-Karl-Marx-Introduccion-general-a-la-critica-de-la-economia-politica.pdf (acceso el 27/11/16)
7 2a. Declaración de La Habana (1962) http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040262e.html (acceso el 27/11/16)
8 Wolton, D. (1992) Elogio del Gran Público, Gedisa, Barcelona, p.95.

11.11.16

Tío Rico McPato aniquila al sistema de partidos


2a. quincena, noviembre 2016


Cierto efecto post-Trump ha desencadenado una ola de indignación y estupor mundial. El perfil xenófobo, racista y homófobo protagonizado por el victorioso presidente electo de la mayor potencia nacional mundial, ha sumado en su contra miles de millares de condenas justificadas y fundadas. Esta ola no es la primera, sino la segunda contra Trump. Si se advierte que la primera cresta de indignación lo llevó a ser electo presidente, conviene en el inicio de esta segunda marejada y previniendo la mortificación moral que cundirá en adelante, preguntarse adonde nos llevará -o mejor dicho llevaría al invicto Trump- esta segunda onda mundial que nos mantiene desde ya en la cúspide de la más loable escandalización.

Con razón más de un compañero1 se preguntaba en el exilio por qué habían triunfado esos brutos y energúmenos militares que tuvimos por verdugos, cuando eran obviamente ignorantes e incultos. Desde entonces algunas décadas pasaron y no dejaron de conservar, aquellos ignaros, una impunidad institucional que se burla de la investigación, tras haber evitado con dos plebiscitos de por medio, que la ley de “caducidad de la pretensión punitiva del Estado” (es decir: la ley de impunidad) fuera derogada. Todavía están preguntándose en Chile por qué un asesino despiadado les legó una constitución que al presente se perpetúa, sin hablar de la dispersión del sistema universitario y la mercantilización de la enseñanza durante décadas, circunstancia a la que aún hoy se le busca solución satisfactoria.

El triunfo del tocayo del pato de Disney se produce como efecto de un derrumbe del sistema de partidos, parte fundamental del sistema político. No sólo Trump le hace morder el polvo reiteradamente en las internas a los “políticos profesionales” del partido republicano, sino que además logra derrotar a su contendiente demócrata en elecciones nacionales -por más que Hillary Clinton no sólo contaba con su propio partido, sino también con la defección de gran parte de quienes hubieran debido apoyar a Trump por disciplina partidaria. A ese desequilibrio que cundía entre los apoyos propios y ajenos, la candidata demócrata sumaba en su favor la opinión pública nacional e internacional y un gran contingente de “famosos” y notables, que incluso declaraban un rechazo visceral hacia el candidato del jopo blondo.2 Para medir el grado de condena del magnate convertido en “nuevo rico” de la política (o en política del “nuevo rico”) con relación al registro “políticamente correcto” del “establishment”, conviene tener en cuenta que la familia Bush -que difícilmente pase por moderadamente derechista, le negó su apoyo e inclusive votó en blanco.3

Curiosamente los analistas no se preguntan por las causas estructurales del derrumbe del sistema de partidos, sino por las determinaciones sociales - desocupación, inmigración que compite por los mismos trabajos, desmantelamiento industrial- que como efecto de la globalización determinan un giro defensivo y derechista, entre cierta base electoral históricamente marcada. Tal mutis por el foro de la interrogación manifiesta ante todo una defección del pensamiento, en cuanto deja en un limbo perenne la vigencia efectiva de la democracia representativa, perforada por la tecnología en el terreno de la información y la comunicación. Convendría poner en cotejo con este derrumbe vía Trump no sólo el Brexit, suceso de escala internacional, sino también el prolongado lapso sin gobierno por el que acaba de pasar España, o la mofa de la legitimidad democrática que supuso la destitución de Roussef. Todas estas manifestaciones replican un único fenómeno (a esta altura “crónica de una muerte anunciada”)4: desestabilizada por la circulación supra-nacional propia a la tecnología mediática, la institucionalidad estatal no conserva una condición rectora de la circulación de la opinión, ni tampoco de la eficacia del poder.

El elemento más significativo en tal sentido es el “voto vergonzante” de parte del electorado de Trump, que lo llevó a falsear en la declaración de opinión la intención de voto.5 Los encuestadores debieran considerar, antes que imputar de falsía a los encuestados, si la identificación entre los medios de comunicación y los instrumentos de compulsa -ya fundidos en un único sistema mediático- no conlleva que viendo al uno -el encuestador- se ve al otro -el “4o poder” como “brazo civil” del sistema político. ¿Cuántos entre nosotros le declararían al “agente del orden” que golpea a la puerta que acaban de cometer un delito?

Si este derrumbe del sistema de partidos se vuelve tan estentóreo en EEUU, cuando en realidad es un fenómeno reiterado por episodios telenovelados -¿como olvidar a Berlusconi, a Menem y a Collor de Mello?, es porque el outsider yankee ingresa desde el exterior del sistema político, sin antecedentes de actuación, en cuanto el sistema de partidos estadounidense no se articula a través del vínculo entre ideología y movilización social que denominamos, en la tradición occidental, “movimiento popular”. Ya en los años 60’ la escuela de Francfort denunciaba que los sindicatos obreros operaban en el país norteño como resortes directos del poder, sin distancia ideológica con el status quo.6 Esta desideoligización relativa no sólo es efecto de una singular energía del sistema económico capitalista en tierra yankee, sino que incluso esa percepción de un contexto objetivo omnipotente es, ella misma, efecto de una tradición pragmática que la inspira y sostiene.

La minoridad en que prosigue un movimiento popular vertebrado entre la base social y la soberanía estatal es suplido por la vía del sistema de comunicación. Estados Unidos fue el país pionero en la implementación de la propaganda bélica con fines de movilización social desde la 1a. Guerra Mundial, sobre los hombros de una pujante industria cinematográfica.7 Tanto los periódicos de masas como los medios electrónicos clásicos (radio y televisión) oficiaron como orientadores de la opinión pública, marcando umbrales en la comunicación política de masas, entre los que se destaca el debate televisivo Kennedy-Nixon en 1960. Sin que medie la configuración de tradiciones organizadas en torno a troncos ideológicos, semejante incidencia de la comunicación de masas tiende a gravitar en torno a la gestión empresarial de los mismos medios que la sostienen.

Durante la campaña que se cerró anteayer, algún periódico manifestó su apoyo a la Sra. Clinton.8 En el Uruguay ese apoyo sería impensable, porque el lector entendería, al tomar noticia de tal “apoyo”, que le toman el pelo: ¿Se imagina a El Observador apoyando al Frente Amplio? Ese decalage entre el ethos (costumbres y carácter de un pueblo) propio del Uruguay, donde el sistema de partidos presenta (según Sartori) el mejor ejemplo de un sistema de fracciones (es decir donde los partidos se encuentran en interface máxima con la sociedad) y por otro lado, el sistema estadounidense, nos da la pauta de la sustentanción tecnológica y empresarial del sistema de medios en aquel país (publicidad, periodismo, formación de opinión), que asimismo lo anuda inapelablemente a los intereses más inmediatos y menos consistentes.

Mi recordado amigo Pablo Astizarán decía con notable mordiente conceptual: “El marketing se ha hecho para saber lo que el mercado quiere. El problema es que el mercado no está hecho para saber”. Un saber anclado sobre la volubilidad del interés se parece demasiado a la ruleta rusa conceptual o al volátil jopo de Trump.

Esa sustentación empresarial del sistema de medios y de la movilización que reposa sobre él, debe encontrarse respaldada por una sólida confianza en la reciprocidad de significación entre la información periodística y las opciones en juego. Al margen de cierta cohesión estructural del proceso mediático, la “convicción por información” (en lugar de la “fortaleza ideológica”) no lograría persuadir en el plano de las conductas colectivas. El consenso relativo se articula, por esa vía, de cara a un concepción unificada del vínculo entre la formación de opinión y las señales del contexto, es decir, bajo el follaje umbrío del criterio pragmático del saber: “el árbol se conoce por sus frutos”.

El problema se presenta, dentro de esa realidad supuestamente una, cuando las razones que movilizan la lectura son diferentes y por consiguiente, los efectos esperados también. Una vez admitido que siendo la realidad una, los efectos deben ser igualmente observables para tirios y troyanos, el “día después” puede dejar a Trump en la Casa Blanca. Es así que en el país que concibió el criterio de continuidad cognitiva para representar una realidad única per se (el pragmatismo), cunde al día de hoy la brecha ideológica más estentórea, por encima de cualquier otro ejemplo dentro de la tradición occidental.

Esta situación devastada de una opinión ontológicamente integrista pesa ante todo en el plano educativo y debiera llevar a abandonar, de una vez por todas, los criterios de “eficacia aplicada a la educación” que se fundan en la “evaluación” -término originado en el quehacer empresarial- por indicadores (pruebas Pisa, ranking de Shangai, modelo “Sillicon Valley”). La educación “para el trabajo en el mundo de hoy” que cundió a través del gobierno del “presidente más pobre del mundo” entre nosotros, cristaliza también hoy en las opciones del electorado más emprobrecido intelectualmente dentro del país más rico del mundo. La formación aplicada (es decir, capacitación operativa) que predicó “el Pepe”, cuadra a la perfección con el sesgo educativo característico de la tradición anglosajona en su conjunto, predominante además entre el electorado que se pasó a las filas de Trump y generó así la diferencia electoral decisiva: obreros blancos de baja clase media y nivel de educación formal secundario o menor.9

Si alguien adujera que el proyecto mujiquista en el Uruguay apuntaba a una educación técnica terciaria, convendría recordarle que las pautas rectoras de la educación no se dividen sin dividir -es decir, disminuir en su alcance ideológico- ipso facto el proyecto educativo, ya que como lo recordó en su momento Vaz Ferreira, las ciencias y las técnicas clásicas y modernas son precedidas por la insumisión humanística.10 Si se liquida las Humanidades -como efectivamente lo preconizó declarativamente “el Pepe”,11 se liquida el conjunto de la tradición transformadora de la sociedad a través del saber (como lo sostuvo el propio Congreso de los EEUU).12

Se dirá que en ese mismo contexto ha penetrado exitosamente el pensamiento post-estructuralista y el post-modernismo nietzscheano, en universidades como John Hopkins en su momento, también se aducirá la finísima elaboración de núcleos que lideran en las ciencias y las artes, sin olvidar que Nueva York es el centro cultural del mundo actual. Ante la elección de un demagogo adinerado, mal que le pese a un importante sector bienpensante, conviene considerar que cierto brillo intelectual de laminadas elites no constituye sino una mínima parte del iceberg, apenas emergente por sobre la línea de flotación, cuya amenaza consiste en la masa sumergida por debajo de “lo políticamente correcto” y no en el brillo de una reducida cúspide.

Bajo una mirada sostenida en la perspectiva de la crisis de la cultura decimonónica de la representación-delegación y de los estados-nación que proyectó, pero que a su vez disolvió durante la 2a mitad del Siglo XX en la tecnología -particularmente en su versión mediática, el “efecto Trump” se presenta menos desalentador que la denuncia “políticamente correcta” pero cargada de moralismo bienpensante:

a) en adelante será más difícil hacer pasar gato empresarial por liebre popular: el “efecto Trump” demostró que la comunicación masiva no instruye sino que simplemente consume y que nadie “pasa” por ella (Mujica, Lula, Novick) sin someterse a la recepción ideológica que la sostiene

b) la pretensión de incidir a través de campañas de moralización de la opinión pública (sobre ecología, género o globalización) en el sistema político -para transformar desde el Estado la sociedad- toma deseos por realidades: el sistema político claudicó de antemano en manos de la tecnología mediática

c) la orientación de la vectorialidad de los movimientos sociales y las campañas de opinión hacia una cristalización normativa, sólo agrega capas de judicialización de la sociedad, que las creencias efectivas se sacudirán de encima, como el bagual encabritado por el domador del que se deshace: se impone cambiar el ethos (carácter y costumbres de un pueblo) -a través de una educación insumisa al empresariado- antes que modificar el sistema jurídico

También se distingue un laudo del saber: los numeritos simplificadores se han disuelto como azúcar en el café, en el propio país donde el modelo con sabor a realidad tangible tuvo su “centro de excelencia”. Queda gente para creer en las encuestas (no sólo de opinión) y en el tarot, aunque este último lleve, en la comparación, cierta ventaja de tradición interpretativa.



1Recuerdo la insistencia al respecto de Luis Guirín.

2“Super famosos de Hollywood se unen para llamar a votar en EU (contra Donald Trump)” El animal político (21/09/16) http://www.animalpolitico.com/2016/09/super-celebridades-hollywood-se-unen-llamar-votar-eu-donald-trump/3 “Elecciones en Estados Unidos: el expresidente George W. Bush confirma que no votó por Donald Trump” BBC Mundo (09/11/16)
http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37917588

4Entre tantos otros anuncios de la desarticulación de la idiosincracia de la representación (política incluida), ver Derrida, J. (1993) La desconstrucción en las fronteras de la filosofía, Paidós, Barcelona, p.82.

5Pardo, P. El voto oculto de Donald Trump” EM Internacional (27/10/16) http://www.elmundo.es/internacional/2016/10/27/5810fd8cca4741ce178b456c.html

6Marcuse, H. (1969) Psicoanálisis y política, Península, Barcelona, p.142.

7 McQuail, D. (1983) Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós, Barcelona,
p. 217.

8The New York Times’ apoya la candidatura de Hillary Clinton” El País (24/09/16) http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/24/estados_unidos/1474746576_990368.html

9“Quien votó a Trump?” El Observador (09/11/16) http://www.elobservador.com.uy/por-que-gano-trump-n996253

10Vaz Ferreira, C. “Discurso de Carlos Vaz Ferreira” en 70 años de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (2016) Facultad de Humanidades, p.11.

11Ver en este blog “Mujica contra la filosofía: la desobediencia civil presidencial” (16/06/11) http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2011/06/mujica-contra-la-filosofia-la_7065.html

12 The Hearth of the Matter (2013) American Academy of Arts and Sciences, Massachusets. Versión
digital http://www.humanitiescommission.org/_pdf/HSS_Report.pdf

30.10.16

Jorge Batlle no era batllista

2a quincena octubre, 2016


En referencia a la exégesis que intenta maniatar el corpus generado por Foucault, que ante todo condenó la Historia como disciplinamiento del sentido, en un artículo reciente se señalaba que el autor de Vigilar y Castigar habría declarado, de cara a tal tergiversación y con el antecedente provisto por Marx, “yo no soy foucaldiano”.1 Como es sabido, ante reivindicaciones de su obra en las que no llegaba a reconocerse, el autor de “El Capital” declaró, “yo no soy marxista”. Tanto en la proyección imaginaria de una declaración por parte de Foucault, como en la propia a Marx, la denegación de reconocerse en la versión de comentaristas o adeptos se carga de un sentido irónico. El autor de una obra deniega (en el caso de Marx) o denegaría (en el caso imaginado a partir de Foucault) la identidad que le es propia, si debiera entenderla tal como la presentan terceros, distancia apelativa (no me reconozco en la presentación que se hace de mi pensamiento en mi nombre) que carga de ironía fatal la expresión de rechazo.

En el caso de la expresión “Jorge Battle no era batllista”, la eventual ironía del registro ideológico enunciado parece reposar en la mera consonancia patronímica. No precisa abundarse en el sentido ideológico de tal expresión, porque los propios comentaristas hagiógrafos de Batlle señalan al unísono que procuró transformar a su partido, en particular, en la vertiente batllista que sufrió señalados altibajos históricos dentro del Partido Colorado.2 De ese afán de transformación no parece quedar, mal que les pese a esos comentarios, ningún registro exitoso. Si la figura de Jorge Batlle como precursor de una orientación mercadocrática del gobierno nacional debiera presentarse -como algunos lo hacen- en gaje de su trascendencia al presente, no lograría cundir con significación exitosa -en los resultados económicos en particular, sin prolongarse hasta la figura de Astori.3

Pero al llegar a ese lugar se advertiría que poco tendría que ver, en términos de entidad partidaria, con una refundación del batllismo. Incluso porque resultaría poco menos que imposible distinguirla de la figura de Luis Lacalle Herrera, que en el período (85-90) de “restauración” de la democracia representativa tradicional, implementó esas mismas orientaciones “jorgebatllistas” con una radicalidad que sin embargo edulcoró su sucesor en el cargo presidencial, Julio María Sanguinetti.

Este último efectivamente rectificó el rumbo que cundía por entonces en el continente -gracias en particular a Menem y Collor de Mello, al sumarse al bloque político que se opuso con éxito, por referendum, a la privatización de ANCAP. El relato necrológico que hace Julio María Sanguinetti del presidente fallecido días atrás, señala a las claras cuán poco el “retorno moderado” del gobierno colorado al batllismo histórico se opone -al frenar las privatizaciones a partir de 1994, a una perspectiva inducida por Jorge Batlle.4 El obituario que presenta Sanguinetti subraya no sólo el inicio de uno y otro dentro del propio sector de la lista 15, sino que más allá de una incidencia de competencia electoral (en 1989), han colaborado prolongadamente en la misma labor partidaria. Quizás la culminación concreta de la distancia entre Jorge Batlle y el batllismo histórico deba vincularse al momento de su mayor logro político personal: alcanzar la presidencia de la república. Resulta imposible no recordar de la propaganda política en el balotaje que culminó con la victoria de Jorge Batlle, la imagen personal de este último difundida con los colores del Partido Nacional, escena poco identificable con el batllismo histórico, que fuera presentado por Benito Nardone en la difusión radial antibatllista bajo el rótulo de “comunismo chapa 15”.5  Pero tal heterodoxia icónica difícilmente pudiera traducir una "reformulación del batllismo" sostenida por los propios colores del adversario histórico.

No se trata en este momento de duelo de desmerecer las características personales de Jorge Batlle, en lo que hace a su capacidad intelectual, la iniciativa política e incluso la bonohomía que le eran propias, sino de destacar hasta que punto esas virtudes personales del líder colorado parecen subrayar otras tantas carencias de la enorme mayoría de los comentarios póstumos que se le dedicaron. Mientras desde el gobierno el homenaje que se destila en galardones de virtudes personales parece demasiado elogioso -en cuanto proviene de tiendas adversarias, o demasiado evasivo -en cuanto elude pronunciarse sobre el trasfondo político, desde los sectores afines al ex-mandatario se lo erige en ejemplo de conductor político -cuando su propio partido y además su sector pasan por el peor momento posible,6 mientras finalmente, desde la prensa que le sería opuesta sobran las reseñas someras -sensiblemente huérfanas de lectura crítica.

El empalagoso estilo de tirios y troyanos, o el silencio guardado ante la figura histórica señalan a las claras el déficit de enfoque que atribula al sistema de partidos y a la (gran) prensa política. Llama poderosamente la atención, en efecto, como unos y otros aceptan por igual que en razón de la crisis del 2002, durante la cual Uruguay estuvo al borde del default, Jorge Batlle tuvo que arrostrar durante su único mandato presidencial un momento aciago como ningún otro sufrido -que haya memoria- por otro mandatario que hubiera estado en su lugar.7 E incluso se señala como una de las paradojas que lo habrían acompañado, que su sucesor Tabaré Vázquez tuvo, por el contrario durante su primer mandato “el viento de cola” en el campo económico.

Más allá de la reducción de lo político a lo económico que suele campear febrilmente en las cúpulas institucionales, quienes se compadecen del infortunio histórico de Jorge Batlle al haber pasado, durante su presidencia por “una de las peores, sino la peor crisis que haya atravesado el país” olvidan, quizás como efecto de una crisis bastante más profunda y duradera que aqueja todavía hoy a la crítica- que aquella crisis mayor fue efecto directo del auge -a partir del consenso de Washington en los 80'- de la concepción económica que Jorge Batlle defendió con uñas y dientes. Compadecer a Jorge Batlle porque el sistema bancario le desfondó el país que presidía, sería como compadecer a George W. Bush porque Wall Street propició el desfalco finaciero a través de la burbuja inmobiliara de las subprime en 2006, o a Leonid Brejhnev porque los estudiantes checos le hicieron sufrir la “Primavera de Praga” en 1968.

Lo que ha merecido la ironía de Woddy Allen8 y una de las más feroces -en sentido propio y figurado- actuaciones de Leonardo di Caprio,9 o La insoportable levedad del ser de Kundera, no llega a inspirar entre nosotros sino compasión histórica. Como si no existiera vínculo estricto entre la teoría que se sostiene y las actuaciones que se desempeña. En el sistema de partidos y en la prensa que juega a “4o poder”, en efecto, no existe la teoría, sí el desempeño, con los efectos que son de esperar a simple lectura y sobre todo, más allá. A partir de esa constatación se impone coincidir con una afirmación reiterada entre las distintas versiones del obituario de Jorge Batlle: su deceso marca el fin de una época. Pero no marca tan sólo el fin del batllismo dinástico, sino ante todo el fin de la soberanía de partidos.




1Viscardi, R. “Foucault y la Santísima Trinidad (marxismo incluido)” en Leituras acontecimentais (pp.44-56) http://media.wix.com/ugd/48d206_1f1f5c733cb04403b1e824b0c9c90cb3.pdf
2Peirano, R. “El reposo del guerrero” El Observador (30/10/16) http://www.elobservador.com.uy/el-reposo-del-guerrero-n988198
3Danilo Astori se ha constituido en el inspirador de la política económica llevada adelante por los tres períodos sucesivos en que el Frente Amplio ha gobernado, a partir de 2005.
4Sanguinetti, J. “Jorge Batlle, una lección de grandeza” en Jorge Batlle (Suplemento Especial de El Observador), (25/10/16) p.11 http://media.elobservador.com.uy/adjuntos/181/documentos/013/031/0013031948.pdf
5Benito Nardone político populista que atravesó distintas pertenencias políticas, llevó a cabo una prédica radial anticitadina y conservadora en los años 50', condenando la “corrupción” de la ciudad y denunciado en ese marco el sesgo “comunista” del batllismo liderado por Luis Batlle Berres, quien encabezaba electoralmente la lista 15.
6La intención de voto de todo el Partido Colorado estaría por debajo del 10%, según las últimas encuestas de opinión. Ver: “Intención de voto: Frente Amplio cae en picada y Novick iguala al Partido Colorado” Uruguay en las Noticias (29/07/16) http://uruguayescribe.blogspot.com.uy/2016/07/intencion-de-voto-frente-amplio-cae-en.html
7Le tocó bailar con la más fea” en Jorge Batlle (Suplemento Especial de El Observador), (25/10/16) p.9 http://media.elobservador.com.uy/adjuntos/181/documentos/013/031/0013031948.pdf
8Ver Blue Jasmine https://en.wikipedia.org/wiki/Blue_Jasmine

15.10.16

Entre gallos y medianoche



1a. quincena, octubre 2016




Con desconcierto pasamos en un caleidoscopio de uno a otro de los asuntos propicios para enfocar la actualidad, pero ninguno madura como permanencia. Pasan los días y cambiamos de una noticia a otra la prioridad, que escapa de forma creciente a toda forma de significación que valga la pena retener y se parece cada vez más a una imperecedera victoria de la trivialidad. La dificultad estriba en la paradójica desaparición de la ignorancia aliada a la sorprendente vigencia de la fatalidad. Me explico:

-sabemos que Yihad es una víctima entre otros del Estado uruguayo y de un afán de notoriedad internacional que más vale no recordar, pero Yihad peligra cada vez más y el propio ministro de Relaciones Exteriores se alarma al respecto, pero a este respecto, lejos de poder dar una nota de esperanza, la preocupación del ministro dice a sabiendas “no pude”,1

-sabemos que el desparpajo de los parlamentarios del Frente Amplio parece ya ilimitado, pero no podemos hacer nada para impedir que decidan crear una universidad-probeta más, al tiempo que dicen no contar con fondos para apoyar a las instituciones que cuentan con condiciones académicas relativamente decorosas, aún cuando la ministra -que sigue en funciones- de su propia “fuerza política” se declaró decidida, al asumir el cargo tan sólo año y medio atrás, a “no crear una institución de educación nueva con escasa enjundia sino fortalecer las ya existentes”,

-sabemos que nada podemos esperar de Bordaberry hijo sino que se parezca políticamente cada vez más al padre, pero no podemos hacer nada para impedir que cualquier necedad que diga2 cunda precisamente porque parece que la hubiera dicho el padre, cuando no es el caso y estamos tan lejos del golpe de Estado con armas de la crítica criticadas por armas de la física, como de los comités de base frenteamplistas rebosantes de militancia, mientras lo que se juega pasa por la pantalla globalizada, incluso en el fútbol,

-sabemos que cualquier cosa que importe va a merecer un comentario de Mujica exportado por la Asociación de Dirigentes de Marketing, pero no podemos hacer nada para impedir que en España vendan sobrecitos de azúcar cholulos con la imagen del otrora guerrillero convertido,3 saliva mediante, en bombero universal,

-sabemos que (lo que) sabemos pero no podemos hacer nada para impedirlo.

Por eso mismo (de no saber nada que no valga la pena impedirse saber), quizás no estamos ante la mera repetición farsesca de la historia, segunda y definitiva tras una primera repetición trágica, como lo quería Marx,4 sino simplemente fuera de ciclo. Después de la farsa, en la resaca del humor, allí donde volvemos al resto que nos quedó tras el festín de la risa.

Al escribir sobre la manifestación que siguió a la desocupación del Codicen, se decía en este blog el año pasado que en esa manifestación, que tuvo lugar tan sólo tres días después de “La noche de la nostalgia pachequista”, no se vio ni una bandera del Frente Amplio.5 El 22 de septiembre último una marcha estudiantil recordó el episodio neo-pachequista, marcando una nueva memoria del pasado, como lo son todas las marcas históricas.6 FENAPES (Federación de profesores de enseñanza secundaria) recordó mediante una declaración el fracaso de la esencialidad decretada por Vázquez contra la educación pública primaria y secundaria en septiembre de 2015.7 Se está desarrollando una polémica en torno a movimientos sociales incorporados a la institucionalidad estatal, asistencialista y mundialista, sobre la criminalización de la protesta como estrategia de dominación mediática, sobre la desigualdad ante la igualdad normativa paradójicamente promovida por la judicialización de los conflictos.

En ninguno de esos terrenos la tragedia o la farsa cuentan con derechos propios, porque no existe un orden de referencia al que pudiera vincularse la pérdida o el hallazgo, el duelo o el humor. Esa noción de orden de referencia se vincula a una relación formal entre partes, o al destino de una totalidad que garantiza la reciprocidad que le es propia. Cierta permanencia subsistente dejó al margen, una vez evacuada,  ese resto que ahora nos permite batirnos en retirada.

En un régimen de emisión permanente y de recepción continua el horizonte es aquí y la profundidad lleva a flote. Se trata como lo sostuvo Virilio de “Un paisaje de acontecimientos”.8 Ahora, el acontecimiento es precisamente imposible (Derrida dixit),9 por contraposición a la predecible posibilidad que reviste lo anodino. Esta inestabilidad generalizada explica quizás por qué lo que sabemos no nos sirve para evitarlo, incluso porque según reza el refrán futbolístico “no hay mejor defensa que un buen ataque”. En un mundo de movimientos, de identidades inarbarcables para la norma, de sacudones de desobediencia civil, conviene contentarse con tomar el cielo por asalto, entre gallos y medianoche.



2Bordaberry quiere elecciones parlamentarias si ministro Bonomi no renuncia” Subrayado (5/10/16) http://www.montevideo.com.uy/contenido/Diyab-levanto-este-viernes-la-huelga-seca-y-volvio-a-hidratarse-323358
4 Marx, K. El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Archivo Marx/Engels, Cap.I https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
5 Ver en este blog “La Guardia Republicana, la Naturaleza del Frente Amplio y la Nueva Democracia” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2015/09/laguardia-republicana-la-naturaleza-del.html
6A un año de la represión del Codicen” La Izquierda Diario” (22/10/16) http://www.laizquierdadiario.com.uy/A-un-ano-de-la-represion-del-CODICEN
7Declaración de la FENAPES a un año del autoritario decreto de esencialidad” ADES http://adesmontevideo.uy/category/declaraciones/
8 Virilio, P. (1997) Un paisaje de acontecimientos, Paidós, Buenos Aires.
9 Derrida, J. “Cierta posibilidad imposible de decir el acontecimiento”, Proxecto Derriba, http://proxectoderriba.org/cierta-posibilidad-imposible-de-decir-el-acontecimiento/

7.8.16

La Cordillera de los Antes y los héroes de la mano de yeso



1a. quincena, agosto 2016



Un colega trasandino me solicitó, en la inminencia de una actividad académica en la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso), información con vistas a la difusión en aquel país de la situación universitaria en el Uruguay. El momento no puede ser más propicio, ya que el punto crítico de la votación de esta Rendición de Cuentas (actualización anual del presupuesto nacional) ha sido la educación y particularmente la cuestión universitaria. Esta situación contrasta con la del precedente año 2015, cuando por estas fechas se discutía el Presupuesto Nacional para el período de gobierno en curso (2015-2019). En aquel momento me encontraba también allende la Cordillera de los Andes, participando en Santiago de un Seminario Internacional sobre Privatización de la Enseñanza Pública. Durante ese seminario se anunció que el presidente Vázquez había decretado la esencialidad (coerción laboral bajo sanción penal) de la educación primaria y secundaria en el Uruguay, ante la ingente movilización del magisterio y del profesorado que temían, como terminó por suceder, la reiteración de las políticas educativas -no exclusivamente presupuestales- llevadas adelante por el precedente gobierno de Mujica.

Aunque en el correr del presente año la polémica se focalizó sobre la Universidad de la República, el debate mediático cundió en torno a las exoneraciones impositivas con que se benefician las donaciones empresariales a las universidades privadas, a raíz de la propuesta de eliminar ese financiamiento indirecto presentada por la diputada Macarena Gelman. La opinión pública no se movilizó, paradójicamente, como efecto del debate acerca de la situación, las perspectivas y la significación de la universidad pública, sino por el contrario, como reacción ante una quita al financiamiento indirecto por el Estado de las universidades privadas (las empresas ven exonerados sus gravámenes impositivos en un 83%).1

Podría suponerse que tal como ocurrió desde los años 90', también en esta coyuntura presupuestal de la educación la derecha neoliberal ganaría todas las discusiones y perdería todas las elecciones, pero este no fue el caso. Aunque la prensa de derecha (que como en toda Latinoamérica al presente, es lo medular de la derecha) dirigiera todas sus baterías contra el “perjuicio a la libertad de educación” e incluso “la discriminación contra los modestos estudiantes becados por las universidades privadas”, la esmirriada prensa de izquierda, los portales de noticias menos involucrados partidariamente y finalmente las redes sociales hicieron pesar los argumentos propios de la educación pública: no discrimina por clientela y es libre académicamente, no forma empresarios sino universitarios.

La significación de este debate es menos ideológica de lo que parece en primera instancia, porque aunque se juegan posiciones públicas, la amplitud y el peso de la cuestión del financiamiento de la educación privada (a expensas de la pública) en el debate sobre la misma educación pública, subraya el lugar que ocupa la educación en la arquitectura social del Uruguay. La irradiación social de la educación nunca es neutra con relación a la condición pública, en cuanto oficia como matriz histórica de la secularización, proporciona la clave que desarticula el fundamento teológico de la soberanía y consolida el efecto en retorno de la soberanía estatal hacia el pueblo.

Esta significación medular para la democracia moderna se encuentra sobredimensionada, en un país como el Uruguay, por la ausencia de escalas de mercado que liberen al tenue capital nacional de la férula estatal, al tiempo que provee, ante la presión de un vecindario regional poderoso, la cohesión de creencias suficiente para resistir la desagregación por influjos fronterizos. De ahí que la educación uruguaya se articule, aún más verticalmente que en la mayor parte de los contextos modernos, con la reproducción ideológica y la orientación política. ¿Cómo podría ser de otro modo en un país pautado por una magra pertenencia religiosa de la población y una significativa hegemonía del sistema de partidos sobre el devenir institucional?

Elegir la educación es elegir un lugar en la sociedad, todo lugar social puede encontrarse, en el Uruguay, fuertemente condicionado por la orientación ideológica y política de la educación. Este ámbito requerido y estratégico a la vez en razón de la problemática nacional, corresponde a un eje que se asocia a la tradición universal de la educación pública. De ahí que las universidades privadas dependan del financiamiento público y que incluso el liderazgo partidario de la derecha conservadora promueva la “integración y cooperación” entre la educación pública y la privada: no forman parte en efecto, en el marco histórico de la educación nacional, sino de una misma configuración social amenazada por las escalas de acumulación económica de la región y vinculadas por una tradición ideológica laica.

Esta significación política de la educación en el Uruguay nos explica, si se vuelve sobre el plano coyuntural del análisis, que el debate público sobre el financiamiento de la educación se haya centrado sobre la quita parcial de los beneficios que reciben las instituciones privadas y no sobre los cometidos propios de la universidad pública. Se trata, en efecto, de una ofensiva en favor de la educación pública fuertemente resistida por sectores vinculados institucional e ideológicamente a la universidades privadas. Esto conllevó la defensa de la educación pública en el escenario parlamentario donde se dirimía la asignación presupuestal. En particular centró los focos de la atención mediática sobre Macarena Gelman, joven diputada del Frente Amplio que recibió sobre su persona, como lo reseñó con acierto Soledad Platero, toda suerte de invectivas, cargadas ante todo de un desprecio social que proviene del más ramplón narcisismo económico.2

La interpretación inmediata de la iniciativa de la joven diputada supondría que corresponde a un posicionamiento de su sector partidario dentro del Frente Amplio. Esta interpretación se encuentra en contradicción con el apoyo que el mismo sector ha dado a la candidatura a la presidencia del Frente Amplio de Alejandro Sánchez, suficientemente investido por José Mujica incluso antes de haberse sufragado a su favor, como para emprender gestiones destinadas a disuadir la actitud rebelde de un sector de los diputados frenteamplistas.3 Cuatro diputados -que no pertenecen al sector de Macarena Gelman- se negaban en efecto, a votar los recortes a todo incremento para la educación pública propuestos por el Poder Ejecutivo, renuencia que amenazaba con privar a la norma presupuestal de la mayoría requerida en la votación parlamentaria (finalmente en Diputados se votó a favor de 860 millones de pesos contra la quita de 1500 propuesta por el gobierno).

El apoyo que el sector de Macarena Gelman (Ir) dió a Alejandro Sánchez en su postulación a la presidencia del Frente Amplio se sustentó en “razones generacionales”, o sea, en la emergencia de un sector de jóvenes frenteamplistas que renovarían la impronta política de ese frente partidario.4 Marcelo Pereira sostiene desde las páginas de La Diaria, órgano que dirige, una perspectiva análoga, en cuanto argumenta que la posterior victoria de Javier Miranda sobre Alejandro Sánchez en los comicios internos del Frente Amplio trasunta la movilización de un electorado ajeno a los aparatos partidarios. Este electorado traduciría un estado de ánimo diferente entre los militantes de la coalición, pero además, señalaría el fin de la hegemonía de los partidos y sectores organizados. Aunque el director de La Diaria no lo afirma sin ambages, puede inferirse de su comentario que prevé la consiguiente configuración de un movimiento genéricamente vinculado al frenteamplismo como tal.

El proceso movimentista en el Frente Amplio es posterior a la dictadura (antes la denominación de “independientes” identificaba mayoritariamente a partidarios solapados de la guerrilla) y se vincula a una distancia creciente con los aparatos partidarios. Se trata de un proceso universal que marca el alejamiento creciente de la militancia respecto a los aparatos de Estado, como consecuencia indirecta de la socialización mediática y la consiguiente desafectación de la índole presencial de las estructuras institucionales. Se genera una tensión entre movimientos y redes por un lado y aparatos partidarios por el otro, que refleja de forma privilegiada el ocaso de la política electoralista, como lo comenta oportunamente Rancière respecto al actual movimiento contra la Ley del Trabajo en Francia.5

Si a ese proceso universal le sumamos la vertical caída del electorado en los comicios internos del Frente Amplio (primero pasó de 220.000 votantes a 170.000 y en esta tercera elección cayó a 92.500), el proceso no parece indicar una radicalización, sino por el contrario una liquefacción simultánea de las estructuras partidarias y de los sectores movimentistas dentro de los partidos. Esta es la conclusión a la que apunta la encuesta de opinión desarrolla por Bottinelli, quien destaca una significativa observación social: los que abandonan el Frente Amplio son los militantes de la primera hora y los hijos de hogares frenteamplistas.6 Esta tendencia confirmaría que lejos de la percepción que desarrolla Pereira de un “movimiento transversal”, por el cual “algo está cambiando en el Frente Amplio”, lo que sucede es que sectores más tibios ideológicamente y capturados por un compromiso ante todo institucional, en el que se identifica de forma ingenua lo público con lo partidario, encuentran un espacio tan oportuno como oportunista dentro del Frente Amplio. Esta tendencia lejos de confirmar el sueño de una “proliferación de la generación del 83'” -que identificó en aquel momento a los movimentos sociales con el Frente Amplio, está marcando el ascenso de un frentamplismo movimentista sí, pero más en el sentido del “sociolismo” que en el del socialismo. La victoria de Javier Miranda, apoyado por el sector más conservador del Frente Amplio -en particular el Frente Líber Seregni, con el que tiene desde ya una deuda de candidatura, parece representar más un movimiento de edulcoración estatista del frentismo que un movimiento vinculado a una energía movimentista de las bases.

En vez de encontrarse, como el viajero que se dirige a Chile desde la llanura argentina, con la abrupta mole de la Cordillera de los Andes, quien busque explicar la radicalización del debate sobre la educación pública por el proceso interno al Frente Amplio, se encontrará ante una inmensa Cordillera de los Antes. ¿Será necesario recordar las invectivas contra las maestras, los profesores y los universitarios por parte de Mujica? ¿No es Alejandro Sánchez una figura promovida por el propio Mujica, como lo fue en su momento el ahora descartable ex-canciller Almagro? ¿O será necesario recordar el apaleamiento y la posterior criminalización mediática de los estudiantes que ocupaban el Codicen a fines del año pasado? ¿Alguien olvidó que la actual ministra de educación consideró a un frentamplista -incluso ex-miembro de su propia cartera ministerial- que osó cuestionarla como “apenas un maestro de 6o año de escuela resentido”? ¿Y el “Plan Ceibal”, que iba a aportar una “revolución pedagógica” y terminó siendo tan importante, según su principal protagonista, como “contar con agua corriente” en los edificios escolares?

Quizás la partidocracia imperante e infusa en el Uruguay dificulta la percepción del dinamismo que cunde en favor de la educación pública, incluso a través de la propuesta que sostuvo Macarena Gelman y votaron sus compañeros de bancada, en cuanto proviene ante todo de los protagonistas del propio proceso educativo. Se repite al presente, por parte de los funcionarios de la Universidad de la República, un gesto que desde 2013 puso en vilo y escandalizó a la moral partidocrática uruguaya: la propuesta de denunciar públicamente a los diputados frenteamplistas que votaran este presupuesto para la educación tal como lo propuso el gobierno.7 La denuncia consitió, en aquel entonces, en proponer que los diputados y senadores perciban el mismo salario que los educadores, acompañada de la publicación de las respectivas escalas de salarios. Mientras la movilización del profesorado de secundaria se mantiene en los mismos términos, la asociación de docentes de la Universidad de la República anunció que una vez llevada la situación al límite y contra su designio, entraría en huelga, declaración que por lo moderado no deja de contrastar con la anterior desmovilización ideológica del mismo sector, ante los que muchos consideraban aún “un gobierno de compañeros”.

También el movimiento de la educación pública ha encontrado una conducción, quizás allí donde muchos no lo esperaban (quien redacta estas líneas tampoco, corrresponde decirlo). Una vez asumido el rectorado de la Universidad de la República a mediados de 2014, Roberto Markarián cuestionó sucesivamente el “Sistema Nacional de Competitividad” (es decir, la integración de la universidad en el empresismo mercadocrático),8 el Plan Google-Ceibal (es decir, la entrega del acerbo informativo de la educación nacional a una empresa privada)9 y las presiones políticas sobre los miembros universitarios de la Comisión del Patrimonio (para que adoptaran resoluciones de contenido religioso).10 Quizás a ese perfil autónomo se debe que la universidad se haya visto retirar, por el Ministerio de Economía, todos los incrementos previstos para 2017, que ahora el Parlamento parece optar por restituirle parcialmente (el Senado aún no se pronunció). Quizás también esta quita fallida haya sido bien estigmatizada por el rector Markarián cuando se refirió a esa actitud considerándola de “pequeñez”.11

Para leer los efectos en el gobierno y en el partido que lo apoya en el parlamento, quizás convenga considerar cierto arrojo del contragobierno que proviene de “obreros y estudiantes unidos y adelante”, antes que votaciones parlamentarias protagonizadas por héroes de la mano de yeso.



1Cuestión de pesos” Montevideo Portal (01/08/16) http://www.montevideo.com.uy/auc.aspx?316009
2Platero, S. “Los resentidos de siempre” La Diaria (05/08/16) http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/8/los-resentidos-de-siempre/
3Gobierno y el FA buscan deshacer el “enredo” de la Rendición” El Observador (29/07/16) http://www.elobservador.com.uy/gobierno-y-el-fa-buscan-deshacer-el-enredo-la-rendicion-n948111
4Lugar para todos” La Diaria (12/04/16) http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/4/lugar-para-todos/
5“Entrevista a Jacques Rancière realizada por Joseph Confraveux” Boletín No 9 de Universidades en Cyberdemocracia, http://entre-dos.org/node/169
6Bottinelli: Novick sociológicamente es un partido político” El Observador (01/08/16) http://www.elobservadortv.uy/video/8823601-bottinelli-novick-sociologicamente-es-un-partido-politico
7Trabajadores de UdelaR se suman a los paros y las ocupaciones” El Observador (29/07/16) http://www.elobservador.com.uy/trabajadores-la-udelar-se-suman-los-paros-y-las-ocupaciones-n948329
8Objeto de estudio” La Diaria (13/04/16) http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/4/objeto-de-estudio/
10Pittaluga, J. “Renuncian tres integrantes de la Comisión del Patrimonio tras una “sesión caliente” por instalación de la Virgen en la Rambla” Búsqueda (17-30/03/16) http://www.busqueda.com.uy/nota/renuncian-tres-integrantes-de-la-comision-de-patrimonio-tras-una-sesion-caliente-por
11Markarián apunto al gobierno: recorte es “actitud de pequeñez” El Observador (09/07/16) http://www.elobservador.com.uy/markarian-apunto-al-gobierno-recorte-es-actitud-pequenez-n938828